Narrar (el significado) es más que contar (el dato)

Contar es transmitir información: cifras, resultados, hechos. Es unidireccional.

Narrar es construir sentido: es tejer esos datos en una trama que conecte con las emociones, inspire acción y cree un vínculo duradero. Es dialógico.

La Pérdida del Sentido Compartido

El filósofo Byung-Chul Han lo expone con precisión en "La Sociedad del Cansancio" y "La Expulsión de lo Distinto". Nuestra era, hipercomunicada pero pobre en rituales significativos, privilegia lo efímero y lo factual. Cuando solo contamos, atomizamos la realidad. Perdemos la "narración grande", el hilo conductor que, desde los mitos fundacionales que estudiaba Claude Lévi-Strauss, ha dado cohesión a las culturas. La comunicación se vacía de significado y el vínculo social se debilita.

Este fenómeno no es ajeno al mundo empresarial. Las compañías que solo cuentan sus logros son un eco en el vacío; las que narran su propósito construyen un legado.

La Evidencia: Por qué el Cerebro Prefiere las Historias

La ciencia respalda lo que la antropología ya intuía. La neurociencia demuestra que cuando procesamos una lista de datos, se activan principalmente áreas del lenguaje en nuestro cerebro (como el área de Broca y Wernicke). Sin embargo, cuando nos sumergimos en una narración, nuestro cerebro se ilumina de forma integral:

  • Las cortezas sensoriales se activan, haciendo que "vivamos" la historia.

  • El sistema límbico, nuestro centro emocional, libera dopamina (que ayuda a la memoria) y oxitocina (que fomenta la empatía y la confianza).

Este es el sustrato biológico que explica hallazgos empresariales clave:

  • Harvard Business Review (2019) afirma que las historias son 22 veces más memorables que los datos en bruto.

  • Deloitte Insights (2022) revela que las organizaciones con un storytelling estratégico logran un 25% más de engagement interno y una fidelización de clientes significativamente mayor.

La Dimensión Antropológica: Narrar para Cohesionar

La antropología nos recuerda que las sociedades no se mantienen unidas solo por normas, sino por narraciones compartidas. Los ritos de paso, los mitos y las leyendas son tecnologías narrativas ancestrales para transmitir valores y pertenencia.

La empresa moderna no es una excepción. Una cultura organizacional robusta es, en esencia, una narrativa vivida en común. Los equipos no se alinean solo con métricas; se movilizan alrededor de una misión que resuene como un relato épico, de un porqué que dé sentido a su trabajo diario. Como diría el antropólogo Clifford Geertz, la cultura es una "telaraña de significados" que los propios humanos han hilado. Las líderes del siglo XXI deben ser, por tanto, tejedoras de esas telarañas.

Contar informa. Es necesario, pero insuficiente.

Narrar inspira, cohesiona, humaniza y trasciende.

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La máquina en busca de sentido